
Santiago creció y sigue en expansión, pero hubo un momento que se prolongó años en el que los pobladores de nuevos barrios quisieron ser parte del carnaval de la ciudad sin ser joyeros ni pepineros. Y entonces comenzaron a hacer sus caretas de formas diversas, sin las características puras de los barrios emblemáticos que se disputaban el primer sitial caretero.
Florecitas en la punta de los chifles, vejigas multicolores junto a una trompa lisa, colores deslumbrantes con ojos grandes, oblicuos o lo que dicte la imaginación…
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